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domingo, 5 de octubre de 2014

Una magia

Un reloj pulsera llamativo, gorro y equipo deportivo de marca llaman la atención en el subte. Escaso metro cincuenta luce con estilo y vigorosidad las prendas. La percepción va reconociéndolo, pronto se llamará Elton.
Elton se retuerce con el vaivén del vagón y expresa mil palabras inaudibles. Se percibe una muchacha varios centímetros más alta, Juana. Elton, ronroneante, se acerca y se aleja de ella. Juana lo mira desde arriba con displicencia y acepta la cabeza que se sumerge en su brazo. Elton le habla continuamente.
En los pocos minutos de intimidad colectiva se lo puede ver a Elton todo enamorado tratando de conquistar a Juana. ¿Alguien los mirará? ¿Alguien percibirá esa mínima explosión? El aplastamiento no parece favorecer al detenimiento en ellos dos. Las pantallas de Candy Crush que iluminan las caras tampoco. La música auricular provoca adormecimientos repentinos.
La imagen queda cristalizada en el reflejo de la ventanilla con intenciones de sacar una foto para esta crónica. Juana y Elton se bajan en Miserere.

* * *
“Trato de ver las bocas de los que pasan por la puerta de mi casa para saber que de cada lengua salen palabras que transitan las ondas de sonido y se instalan en las paredes de mi oreja para después evaporarse entrando en una larga línea descendente en la que están alojadas todas las palabras que se pierden, todos los rasgos que se olvidan, los pequeños movimientos que ni siquiera se registran en la memoria y quedan flotando en una enorme tierra de nadie”

Fragmento de De este lado del Meditarráneo (1973) en "La novela de la poesía", Tamara Kamenszain 


domingo, 17 de agosto de 2014

Amores – Cementerio de Chacarita

Recuerdo la primera vez que la vi, tan sensual, fresca, linda toda ella. No me animé a hablarle porque bailaba con un chico y pensé que era su novio… “Ke linda sos” quería ponerle en un SMS, porque en esa época no existía el WhatsAp. Pero no tenía su celular y tampoco sabía si le gustaban las chicas.

Pasaron varios meses hasta que la volví a encontrar. Ella pensaba que me veía por primera vez pero yo a ella la había retenido y actualizado muchas veces. Era amiga de un amigo y nos cruzamos en un centro cultural, nos presentaron y listo.

Meses más tarde me llegó un mensaje para ir a una fiesta, era ella que ahora se presentaba como Juana. Le pidió a mi amigo el número y me escribió. Fuimos a la fiesta y bailamos mucho hasta marearnos. Recuperaba una sensación que tenía cuando era chica, un éxtasis total, vueltas incontrolables. Una especie de desprendimiento del tiempo y el espacio acompañado por cachetes colorados y la pérdida del aliento. La calma inmediata de oídos zumbando con el cuerpo desparramado por el piso. 

Terminamos las dos desparramadas en su departamento. El amanecer fue cuerpo de Juana con sabor amargo y náuseas. Quería salir a la ciudad, la ahogaba el ambiente pequeño con un penetrante ruido a bombos. Silencio y paz era lo que necesitábamos.

Llegamos al cementerio de la Chacarita exhaustas pero con una prolongación de las ganas de besarnos. Tantas ganas de Juana... Paseamos hasta encontrar un pequeño lugar con una pérgola, una especie de pequeño rosedal de Palermo. A nuestro alrededor un campo de tumbas se abría permitiéndonos adivinar años de muerte. Sus besos. Me contó cómo murieron sus abuelos. La rugosidad de su pullover. Le confesé que la conocí antes. Perfume tibio. Quería terminar el colegio. Su cuello. Mentí, le dije que quería seguir estudiando. El roce del jean. Mirá, nuevo entierro. Sabor noche.

En algún momento decidimos levantarnos, estábamos doloridas por la postura obligada del banco de cemento. Caminamos sin rumbo hasta la zona de los inmortales como le llaman. Juana me abrazó toda entera como llorándose. 






domingo, 22 de septiembre de 2013

La cita

Sobre las uñas de Elsi se esparcía el pincelito color violeta. El pelo rojizo recién teñido de Elsi iba secándose mechón a mechón. La atendían silenciosas porque Elsi hablaba, contaba cómo lo conoció y cómo sería el segundo encuentro. Eligió el color rosa de vestido porque le sienta bien y debía ir a buscarlo ni bien terminaran de arreglarla. Al verse al espejo se gustaba y hasta se atrevió a decir: "Me están dejando pipí cucú, el tipo me va querer morfar ni bien me vea".

La Yolly la escuchaba atentamente mientras seguía estirándole el pelo. Sus ojos se perdían entre los mechones colorados y la voz se iba apagando, volviéndose finita hasta convertirse en paisaje. Ella también había tenido su gran amor que seguía creciendo dentro suyo aunque nunca se haya materializado en discurso. 

Las playas de Claromecó una vez la encontraron desnuda ante la mirada atónita de él que le juraría ser fiel toda la vida. Cuidado Yolly que me lastimás, despacito por favor ¡¡¡que me vas a dejar pelada!!! La piel helada llena de sal y sus labios absorbiéndola por completo. El viento cubriéndolos de arena. ¿Dónde andará ahora? ¿Seguirá vivo? ¿Tendrá los mismos achaques de la edad que ella?

Esa noche la Yolly salió sola y triste pensando en la otra noche a pura pasión que tendría la Elsi. Yolly fue a tomar el subte y se quedó muda viendo pasar uno tras otro los coches nuevos que tanto odiaba. No tenían recuerdos, ese plástico made in china era pura actualidad que la dejaba sola, la violentaba con un presente que detestaba. Puede que haya pasado algún tren viejo para ser arreglado en el taller pero Yolly tampoco quería volver al pasado. Deseaba un tiempo sin nombre que no la condenara a la más terrible extinción de sí misma en la soledad de las pocas noches que le quedaran por vivir.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

La vida

Ni bien se subieron al colectivo comenzaron a escuchar la elevada voz del pasajero del primer asiento. A su lado una mujer permanecía inmóvil, siempre mirando para adelante. Detrás de ellos, por el contrario, una familiaridad espontánea esbozaba conclusiones acerca de la situación que se les ofrecía ese sábado por la noche.

Flavia, ¿esto no da para más? decímelo decímelo, pero decímelo de una vez. ¿Me escuchás? ¡Te estoy hablando! Decíme, decímelo. Qué manera de apretar vos y yo eh... No te podés quejar te di todo, todo, todo este cuerpito ardiente.

Los pasajeros empiezan a reírse. Comienzan a mirarse unos con otros, comentan. El pasajero no parece percibir el murmullo de voces a su alrededor.

—¿Será verdad que habla con la mina?
Para mí que está loco el tipo...
Fijáte el celular, ¿no estará apagado?

Flaviaaaaaaa, ¿me oís? ¿Flavia? ¡Ahhhhhhhhh estás con tu macho? ¿estás ahí con tu macho no? ¿Para qué te llamo entonces? ¿Por qué me contestás?

—Que le corte de una vez Flavia por favor.
—Debe ser re fea esa mina.

Suena el celular y los pasajeros redoblan el murmullo.

—A que la atiende, siiiii.
—¿Para qué lo llamó?

Flavia, ¿qué querés? ya fue, ya fue, dejálo así. Ya está. Mirá, vos quedáte con tu macho, que él te lleve a pasear, que él te compre cosas, que él haga todo ahora a mí, a mí ¡¡¡¡DEJÁME DE ROMPER LAS PELOTASSSS!!!!

El colectivero marca un boleto de 1,10 y aprovecha para mirar al pasajero. La pasajera de al lado sigue inmóvil mientras a su alrededor nadie puede contener la tentación. A medida que fueron subiendo y bajando adquirieron su propia parte de la historia. Algunos se resistían a bajarse antes de ver si Flavia volvía a llamar. 

Otro colectivo comenzaba a balancearse al ritmo de los cánticos y saltos de la hinchada de Independiente. La unidad avanzaba en un de microclima acústico que apenas permitía un intercambio entre pasajeros. Algunos, indignados, pedían mayor responsabilidad del chofer que podría haber impedido el ingreso. Otros se apretaban los auriculares tratando de escuchar sus canciones favoritas. En medio de la hinchada y con una botella rellena de vino en mano una chica atiende su celular.



lunes, 2 de enero de 2012

Confitería L´Aiglon


"Hoy vas a entrar en el pasado
en el pasado de mi vida"
Fragmento del tango Los mareados


La conocí un 23 de diciembre de 1963, yo tendría unos veinte años y trabajaba en una oficina de de la zona Congreso como asistente contable, me la pasaba haciendo trámites, una especie de cadete. Un día la cola del banco era enorme, en esa época no se usaba como ahora el aire acondicionado y el ventilador no daba a basto para tanta gente acumulada. Yo salía sofocado y entonces antes de entrar a la oficina pasé por la confitería L´Aiglon que estaba en Callao y Bartolomé Mitre, me senté cerca de la ventana y me tomé un aperitivo Cinzano con mucho hielo y limón.

Cuando la vi llegar por Bartolomé Mitre me quedé helado, una cabellera larga rubia, una cadencia tan particular y un trajecito de color celeste iluminaban toda la vereda. Ella era luz, pura luz y yo no podía sacarle la mirada de encima, la devoraba... Bajé la cabeza para apreciar sus larguísimas piernas que cruzó con una elegancia aletargada, habrán sido unos pocos segundos pero para mí la eternidad se plasmaba en ella.

Llamé al mozo y señalándola pedí que le enviara un aperitivo de mi parte. Ella lo recibió, me buscó con la mirada, sonrió y me hizo señas de agradecimiento con la mano. Rogué que se acercara a mí y probé la pose más seductora posible. Pero ella permanecía indiferente leyendo una carpeta enorme de papeles. Yo no me había percatado de que hacía una hora que estaba sentado ahí, tenía que volver a la oficina. Pero fue ella la que se levantó primero, se acercó, me agradeció y me dijo unas palabras que no olvidaría nunca, recordando exactamente la sonoridad de su voz, sus labios rosados: "Gracias, muy lindo gesto de su parte, se lo agradezco y le deseo unas muy felices fiestas". Yo intenté decirle algo pero no pude, me quedé absorto contemplándola. Cuando salió su figura tapó el sol de frente y sentí que la sombra que proyectaba llegaba hasta mí.

Pasaron unos cinco años hasta que me la volví a cruzar, yo estaba más grande, más buen mozo y tenía en mi haber la experiencia de dos mujeres. Esta vez no se me va a escapar, pensé, estábamos sentados en misma confitería, ella ya no llevaba pollera sino un pantalón, la cara estaba un poco avejentada pero era tan bella como antes. Le expliqué que hacía unos años le había regalado un vermouth y que no había dejado nunca de pensar en ella, le pedí que me permitiera sentar allí y hablamos durante horas hasta que el lugar quedó casi vacío. Los meses subsiguientes fueron de pura pasión, Elvira y yo nos amábamos con locura, pasábamos días enteros encerrados en mi departamento de Callao. Todo terminó cuando ella decidió rehacer su matrimonio y volver a su casa para criar a su hijita Adriana de tan solo cinco años que reclamaba su cariño.

Y pasaron unos cuarenta años, yo me casé, enviudé y decidí buscarla por Facebook. Mi nieta me enseñó yo no tenía ni idea, me costó pero logré armar mi "perfil" como se le dice a eso y subir fotos. La busqué y la encontré, Elvira, era una foto de ella en las cataratas, usaba la tecnología mucho mejor, publicaba cosas en el muro, etiquetaba gente en las fotos, cosas que yo aún no sabía hacer... Y hablamos por mensajes, yo no sabía usar el chat y ella intentó mil veces explicármelo pero yo no lo lograba entender. Esperaba sus mensajes con un ansia juvenil, reviviendo ese pasado que se me presentaba en imágenes y sensaciones. Acordamos juntarnos en L´Aiglon, lugar simbólico, que daba cuenta de todo lo que habíamos vivido juntos. La cita era el 30 de diciembre de 2011 en la esquina a las 15:00. Yo me tomé temprano el tren -hacía unos años me había mudado a provincia, a Ciudadela- y llegué tempranísimo, casi a las 14 horas. Entonces me bajé de la línea A y fui directo a la esquina.


Estaba parado en la la confitería pero no esperaba lo que vi, deambulé de un lado para el otro, intenté mirar hacia adentro, imposible, los vidrios estaban pintados de blanco. Me puse los anteojos para ver de cerca y vi que L´Aiglon había sido declarada de interés cultural entonces me preguntaba qué había pasado, recordé la desaparición de otra célebre confitería también patrimonio de la ciudad, la Richmond...



Arriba de la puerta había un cartel de alquilado e imaginé lo peor, la construcción de un supermercado que destruyera todo el interior antiguo, el mostrador de mármol, o quizás una casa de comida rápida, como esa que habían puesto en Florida, con la promesa de "mantener la fachada" pero destruyendo todo el interior.



Elvira llegó unos minutos más tarde, no me saludó, señaló el cartel de alquiler y con los ojos llenos de lágrimas me dijo con tono grave: ¿Pero qué pasó? No supe que contestarle, los dos nos quedamos ahí quietos, callados, uno al lado del otro, buscando en la memoria un pasado que se volvía irrecuperable.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Pausa alimenticia


En la zona de Congreso hay múltiples y variadas opciones gastronómicas, una de ellas es la cafetería Starbucks donde la cordialidad de los que atienden se complementa con los tan afamados vasos-con-tu-nombre. Así recibís tu café personalizado junto con una sonrisa y el "que tengas muy buen día". Todos los locales son iguales, acá o allá la dominante en verde, sillones muy cómodos, amplios ventanales y una mesa larga para apoyar la computadora.

Pero hay otro lugar donde los colores, sabores y texturas de los mostradores se funden con el sol que entra matizado desde el ventanal. Milanesas de quinoa con curry, croquetas de zanahoria, fideos de arroz salteados, ensaladas... Con pocas palabras y mucha amabilidad son otras voces las que nos llaman. Se te hace tarde, tenés que llegar a la oficina pero un espacio mudo y plástico te interpela:



lunes, 11 de octubre de 2010

Amor en Buenos Aires

La aparición de nuevas tecnologías nos permite mirar donde antes no mirábamos, inmiscuirnos en la vida privada de quienes no conocemos. Y así fue que descubrió la percepción de un desconocido, entre las fotos de Facebook de un amigo vio unas letras que le parecieron rusas así que de un link a otro llegó a un perfil. Como la configuración de privacidad se lo permitía, comenzó a ver las fotos que esta persona había sacado de Buenos Aires, dos de ellas le gustaron, sintió que captaban gran parte del espíritu de la ciudad.


Intrigada por la incripción debajo de las fotos fue al traductor de Google y copió el texto en ruso:



La primera foto:

Parejas…

La segunda:

En todas partes! La primavera es, de hecho, en octubre...



Парочки...



Везде! Весна ведь в октябре...

martes, 13 de octubre de 2009

Instantánea

“Living is easy with eyes closed,
misunderstanding all you see”
Beatles, Strawberry fields forever




Al lado del semáforo el joven espera: luz verde, los autos pasan, espera, luz amarilla, espera, luz roja, espera, luz verde, espera, espera, espera. La joven apurada lo ve y le dice: “Hola, ¿Cruzás Rivadavia no?”. Él apoya su mano sobre la espalda de ella y cruzan.

En ese instante alguien refracta en ellos su dolida soledad y siente que hay muchos otros que sí se quieren. Porque podría ser una historia de amor, pero ella lo deja y él sigue hasta la próxima esquina, con su bastón blanco, esperando que alguien lo vuelva a querer un poquito y así poder cruzar.

sábado, 15 de agosto de 2009

Ellos




“Atópico, el otro hace temblar el lenguaje”
Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes


La chica se sienta, mira por la ventana, diez minutos después ve un joven que sube, lo mira, lo vuelve a mirar, mantiene su mirada mientras el joven saca el boleto pero ni bien termina le retira la mirada. El colectivo está casi vacío, un jueves de semana santa por la mañana. Sólo hay tres asientos ocupados pero el joven se sienta al lado de la chica.
Ni se miran, no se tocan. Pero son una imagen, los dos llenan el colectivo.