jueves, 11 de octubre de 2012

Baila en tus manos





Subo al colectivo y me voy al fondo, elijo uno de los pocos asientos disponibles en la fila de cinco, quedo ubicada en el medio. Saco de mi mochila mi nuevo libro, Uruguayita. Las tapas de cartón llaman la atención de los pasajeros. 

Al lado mío la veo a ella. Siempre me llamó la atención esa mirada perdida, unos movimientos corporales delicados y mecánicos al mismo tiempo, la vestimenta, pareciera estar al borde de la locura. Esta vez me mira leyendo, siento su mirada lateral. Lleva una flor en la mano, una flor blanca, parece una flor silvestre. Las frenadas abruptas y los giros no alteran la posición de la flor. Erguida. La flor, la mujer y el libro conforman el escenario de un nuevo pasaje de la ciudad al conurbano bonaerense. Logro darme cuenta que tengo que bajarme, reconozco mi barrio pero me descubro sin la flor, sin el poema:


 Sombras 

No vivo de la poesía.
Quiero decir: no escribo por dinero
Por publicar versos.

Sólo escribo palabras
a la mujer de sombras
que en la noche
danza sobre las nubes de la luna. 


***

El poema pertenencen al libro "Uruguayita" de Manuel Podestá editado por Eloísa Cartonera: http://www.eloisacartonera.com.ar/home.html

viernes, 5 de octubre de 2012

Luminarias



I

El colectivo lleno por inconvenientes en el tren Sarmiento. Pasajeros que entran por la puerta trasera, golpes, quejas. Las ventanillas se abren. Embarazadas y nenes que suben. Pasajeros que se levantan. Quejas. Él permanece quieto. La mirada pareciera dirigirse hacia los asientos de atrás. No. El niño ojos de noche no mira. ¿A dónde van las penas?

II


Un sonido más de subte se añade a la banda sonora completa de frenadas, chillidos, charlas, auriculares. Una joven toca el violín mientras los pasajeros van y vienen. Van y vienen. Van. Van. Vienen. Línea A para la derecha, combinación con línea D para la izquierda. ¿No tiene una monedita? Alguien mira hacia arriba, descubre a la violinista. Ríen. La pequeña cabecita va girando. Mamá apresura la marcha y la tira del brazo. La violinista y la niña. Ríen. Se pierden en el túnel. Ellas. El sonido que persiste. 

III

Están acostados en los bancos al lado de las rejas del zoológico. Duermen. Los ojos apenas se abren. El bullicio insoportable. Están ahí. Los turistas corren para mirar entre las rejas. Se levantan. Deambulan por Palermo. Caminan con dificultad. Se escapan de las miradas que marcan la rutina de sus vidas. Llegan al refugio de la casa abandonada. ¿Qué comemos hoy?



miércoles, 26 de septiembre de 2012

La vida

Ni bien se subieron al colectivo comenzaron a escuchar la elevada voz del pasajero del primer asiento. A su lado una mujer permanecía inmóvil, siempre mirando para adelante. Detrás de ellos, por el contrario, una familiaridad espontánea esbozaba conclusiones acerca de la situación que se les ofrecía ese sábado por la noche.

Flavia, ¿esto no da para más? decímelo decímelo, pero decímelo de una vez. ¿Me escuchás? ¡Te estoy hablando! Decíme, decímelo. Qué manera de apretar vos y yo eh... No te podés quejar te di todo, todo, todo este cuerpito ardiente.

Los pasajeros empiezan a reírse. Comienzan a mirarse unos con otros, comentan. El pasajero no parece percibir el murmullo de voces a su alrededor.

—¿Será verdad que habla con la mina?
—Para mí que está loco el tipo...
—Fijáte el celular, ¿no estará apagado?

Flaviaaaaaaa, ¿me oís? ¿Flavia? ¡Ahhhhhhhhh estás con tu macho? ¿estás ahí con tu macho no? ¿Para qué te llamo entonces? ¿Por qué me contestás?

—Que le corte de una vez Flavia por favor.
—Debe ser re fea esa mina.

Suena el celular y los pasajeros redoblan el murmullo.

—A que la atiende, siiiii.
—¿Para qué lo llamó?

Flavia, ¿qué querés? ya fue, ya fue, dejálo así. Ya está. Mirá, vos quedáte con tu macho, que él te lleve a pasear, que él te compre cosas, que él haga todo ahora a mí, a mí ¡¡¡¡DEJÁME DE ROMPER LAS PELOTASSSS!!!!

El colectivero marca un boleto de 1,10 y aprovecha para mirar al pasajero. La pasajera de al lado sigue inmóvil mientras a su alrededor nadie puede contener la tentación. A medida que fueron subiendo y bajando adquirieron su propia parte de la historia. Algunos se resistían a bajarse antes de ver si Flavia volvía a llamar. 

Otro colectivo comenzaba a balancearse al ritmo de los cánticos y saltos de la hinchada de Independiente. La unidad avanzaba en un de microclima acústico que apenas permitía un intercambio entre pasajeros. Algunos, indignados, pedían mayor responsabilidad del chofer que podría haber impedido el ingreso. Otros se apretaban los auriculares tratando de escuchar sus canciones favoritas. En medio de la hinchada y con una botella rellena de vino en mano una chica atiende su celular.



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Raíz


Cerca del escenario nos disponíamos a escuchar otro de los grupos que tocaban ese día.
Unos pocos puestos. Pocas personas. Llovizna. No era una jornada prototípica de la Feria de Mataderos. Resistíamos a la adversidad climática.

Poco a poco se iba yendo gente a nuestro alrededor y nosotros también sentíamos que las condiciones no estaban dadas para permanecer. Nosotros, los que sentíamos, empezamos a escuchar una melodía atrapante. Y ese sentimiento de abandono progresivamente se fue transformando en otro que nos atrapaba, que nos dejaba ahí inmóviles, ensimismados con el canto.

Pero para María no hay madrugadas

Creímos escuchar que alguien se nos acercaba para preguntarnos quién era esa chica.

pero para María no hay mediodía,

La lluvia comenzó a volverse intensa pero apenas la divisábamos, no nos molestaba, por el contrario, estaba a tono con ese clima tan particular que se abría ante nosotros. Transforma. Crea. Revive.

pero para María ninguna luna,
alza su copa roja sobre las aguas...

El bombo leguero que se hace piedra, árbol, roce de zapatilla sobre asfalto quebrado por el pasto que brota. Vaivén de cuerpos. Guitarra que anuncia voces de un pasado lejano latente. La voz que pena, grito, río.  

María no tiene tiempo
de alzar los ojos
María de alzar los ojos
rotos de sueño
María rotos de sueño  
de andar sufriendo,
María de andar sufriendo
sólo trabaja
María sólo trabaja, sólo trabaja, sólo trabaja
María sólo trabaja
y su trabajo es ajeno

En el mismo lugar donde alguna vez anduvo don Atahualpa Yupanqui se alzan nuevas voces. Ayer, como hoy, nos reunimos para disfrutar de la música alejándonos un poco de la ciudad. Desde adentro nos vamos hacia afuera y somos vuelo rasante sobre los campos.

La vuelta al hogar nos pide colectivo. Nos vamos agradecidos por esa voz que aún resuena y nos mantiene alejados, sin saber bien dónde. Se llama Melisa Lamione. Para nosotros persistencia, vibración, latencia.


La madrugada estalla como una estatua
Como estatua de alas que se dispersan por la ciudad




miércoles, 29 de agosto de 2012

Las lluvias

  


El clima perseveraba en humedad. Ni bien salió pensó que sus planes se verían afectados por un fuerte temporal que mantenía a la gente refugiada. Pensó en la otra ciudad, la de sol, las tardes de verano, esa ciudad que era considerada como ideal para la caminata. Esta, en cambio, era prácticamente invisible. ¿Qué hago? Se preguntó. La respuesta planteaba otra pregunta acerca de los paisajes que se podían transitar y aquellos que requerían un alejamiento repentino en el medio de transporte público más cercano: colectivo o subte. 
Las imágenes se alternaban en una especie de montaje paralelo: la 9 de Julio transparente, la 9 de Julio llena de charcos, los semáforos apenas visibles, el auto pasando en rojo con un color brillante y límpido.
Uno, dos, tres pasos y ya estaba en medio del diluvio. A medida que avanzaba observaba todo en detalle y reafirmaba la idea de que ese era el día para el encuentro. Las botas de lluvia comenzaron a inundarse y el pantalón se le fue adhiriendo. El agua se escurría por su cuerpo y ella intentaba en vano impedir la corriente con el paraguas. A su lado la gente iba hacia las vidrieras o esperaba cualquier colectivo, el primero que llegara. Estar a salvo. Ella no pensaba en refugiarse, primaba la necesidad de llegar. Hacer suyo al paisaje, fundirse en él.
Llegó. La bibliotecaria la recibió con una familiaridad maternal y antes de posibilitar el primer encuentro le preguntó quién era Alejandra Pizarnik. La pregunta se amplificaba en la lejana visualización de la biblioteca. Su intención era efectivamente intentar crear nuevos interrogantes a partir de esa pregunta, buscar en las lecturas a una Pizarnik hasta ahora desconocida que avanzaría con lápices y marcadores. Cada obra una nueva obra, cada línea, cada color. Lo que no esperaba era esa interpelación, un señalamiento directo a sí misma:

Afuera es de noche y llueve tanto,
(…)
hoy tu palabra es como un manto,


Pensó: "Alejandra nombrándome. Yo sintiéndome tan cerca de ella. Vivificadas."

Decidió abrir un nuevo ejemplar de Octavio Paz. A medida que avanzaba en la lectura descubrió algo que luchaba por salir a fuerza de nueva tinta. Releyó únicamente los subrayados, notó que había ciertas palabras que desaparecían creando la significación del espacio en blanco. Nuevos poemas Alejandra reescribe:




En esta metamorfosis constante de escrituras, su propia historia. Una joven que lee en una biblioteca se encuentra con Alejandra Pizarnik, los colores de un nuevo día se filtran por la ventana. 
¿Afuera llovizna? El pantalón está casi seco. 
Tenía que atravesar el temporal, tenía que redescubrir una Buenos Aires ahogada. Y pasar a través de una última cita porque ya era hora de emprender el regreso:

llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de los pronombres enlazados

***


*Aclaración: Las biblioteca personal de Alejandra Pizarnik se encuentra en la BibliotecaNacional de Maestros. Las obras mencionadas en este post son: Tangos (letras de tangos compiladas por Idea Vilariño) y Libertad bajo palabra: obra poética : 1935-1958 de Octavio Paz.


jueves, 16 de agosto de 2012

Dialogando con Arlt - Bares

Roberto anduvo por los bares porteños:
                      
"Los cafés están repletos de gente que hace filosofía al margen de una tacita de achicoria. Los mozos parecen conocer a todo el mundo, porque veo que la gente se levanta de las mesas sin pagar y, en vez de ocurrir una tragedia como ocurría en esta ciudad de filisteos, el mozo exclama:
—    ¡Hasta luego, don Joaquín, o hasta luego don Noy!
Y eso es todo."

Roberto Arlt "Cafés y vigilantes"


Si vos supieras Roberto, cada vez se complica más irse sin pagar. Actualmente invade la ciudad ¿una cafetería? No sabría bien cómo decirle porque fomenta que vos te lleves tu café y sigas caminando. Y primero se paga, antes de consumir hay que pagar. Si supieras lo desabrido que es el café, pero no te digo únicamente por el gusto en sí, sino porque no se comparte y se crea una falsa ilusión de familiaridad que consiste en que te llamen por tu nombre. Ojo, como te decía, siempre tenés que pagar primero y después te piden el nombre y lo anotan en el vaso de café. Sí, vaso, nada de taza, unos vasos térmicos, de tergopol, que lucen el logo del local. Y bueno, mientras se evita la tragedia de no pagar se van generando otras tragedias mayores como la desaparición de una antigua confitería, L´Aiglon.

Pero no te preocupes Roberto que nos quedan algunos cafés donde el mozo conoce a los clientes. Una vez en me tocó presenciar una de estas situaciones que relativizan al espacio como puramente comercial. Estaba en el bar Los Galgos y veo que alguien se aproxima al mostrador, elige una medialuna y se la lleva a la mesa. Poco tiempo después me entero que se trata de "Miguelito" el sastre que trabaja en la galería de en frente y que elige personalmente sus medialunas. Miguelito va a Los Galgos desde hace muchos años, tantos que se familiarizó con el lugar, con el dueño del bar y con el mozo del turno mañana. Este bar es la casa de Miguelito, es el anexo de su living, es la respiración que lo hace levantarse todas las mañanas de lunes a viernes a las seis de la mañana.




Afuera del bar también hay unas mesas donde los barrenderos descansan unos minutos y reciben algo para tomar mitigando el clima agobiante o resistiendo al frío. Y todos ellos están ahí, en la esquina de Callao y Lavalle. Están como estuvieron tantas personalidades célebres como Enrique Santos Discépolo o Enrique Cadícamo. Está el barrendero, el sastre, el estudiante, el turista, el escritor, la dama desconocida, el transeúnte sediento, el curioso. Estamos. 

Lo que para vos era habitual Roberto se transformó en excepcional, pero esta excepcionalidad añeja es una forma de resistencia. Un pasado que resiste, como Miguelito, a los embates de lo moderno. 






miércoles, 8 de agosto de 2012

Sanca

No nos falte el pan y el trabajo de cada día


Podría decirse que lo que al santo se le pide, el santo lo cumple. Y al santo se le pide trabajo y el santo da trabajo. No son pocos los escépticos que se abandonan por unos instantes a la súplica -que no necesariamente requiere de la tradicional oración- y le piden un laburito, una changuita, algo, trabajar para darle de comer a los chicos, un futuro mejor, salir adelante.

La iglesia que lo alberga está ubicada justo en el límite entre provincia y Capital, esa zona intermedia e indefinida, de transición. La mayoría de sus adeptos está del otro lado, en el Conurbano bonaerenese. Al menos eso creía hasta que lo vi al propio santo viajando desde Caballito hasta Liniers. Estaba envuelto en una bolsa plástica blanca a punto de tomar el tren Sarmiento. Porque si la gente no va al santo, el santo va a la gente. 

Cuando el santo bajó en la estación Liniers ingresó un aluvión de gente con espigas atadas con estampitas. Cuando arrancó el tren pude divisar la calle de la iglesia repleta de gente.

Y el tren, también lugar de transición entre provincia y ciudad guarda en su memoria un accidente que se llevó a muchos trabajadores. El santo tampoco olvida.