martes 6 de marzo de 2012

Posibles Buenos Aires - Tan huérfanos que andamos


La intimidad del hogar.

De los miles de hogares que laten a contramano de ciudad elige unos pocos.

Se apropia de esas vidas ajenas absorbiéndolas por completo y logra que sean también nuestras, que respiremos la sensación de que ese instante se podría haber perdido. Queda entonces la nostalgia de saber que es pasado, pero la certeza de su actualización constante.

¿Qué sentirá y verá esta beba cuando se vuelva a ver ya de grande? descubrirá quizás el gesto genuino, la sensación irrecuperable. Pero somos nosotros que miramos, es Adriana Lestido la que descubre un instante que podría haber pasado desapercibido en sus vidas. Para esta artista no hay nada menor ni inobservable, todo se potencia hasta alcanzar su máxima signficancia.

Cuántas infancias perdidas, no todos tuvimos una Adriana, pero sobrevivimos a fuerza de recuerdos poco nítidos y fragmentados. Estos destinos se vuelven, en cambio, excepcionales.


Serie Madres e hijas de Adriana Lestido
http://www.adrianalestido.com.ar/

***

Nos tocó presenciar el instante previo a un encuentro. Un cuerpito ínfimo caminando apresuradamente por avenida Rivadavia de la mano de una abuela que intentaba mitigar la impaciencia: ─Ya falta poco para que llegue mami ¿a dónde querés ir? ¡esperá, esperá!─. Con cada salida de la muchedumbre por la escalera mecánica esa carita miraba con detenimiento, no se cansaba. Escudriñó cada cara, cada gesto, cada aroma, ninguno era mamá.

Nos fuimos sin saber si ella alguna vez llegó, fue más importante el apuro. Nos hubiéramos demorado en la temporalidad del abrazo. Y ahora caminamos por la misma avenida Rivadavia pero se nos pasan desapercibidos otros tantos encuentros, gestos diminutos e imperceptibles. A nosotros, los que nunca dejamos de esperar.



A...

Enséñame,
tú que sabes,
la vida,
esa razón de amar
que huelo en tu mirada,
enséñame,
tú que sabes,
las cosas,
el idoma del sueño
y de tus manos,
tú que sabes
que todo lo has bebido,
con palabras oscuras.
Con nocturnas palabras de tu sangre,
tú, que ríes y lloras
sin mirarme,
tú que vives, intégrame a tu imagen.

Poema de Susana Thénon
en "La morada imposible Tomo 2" editorial Corregidor

miércoles 29 de febrero de 2012

Dialogando con Arlt - Tercera Entrega

Roberto Arlt nos regala una escena de descanso en medio de la jornada laboral:

"Compañero lector: si usted hace mucho tiempo que la yuga, tómese vacaciones. Duerma. Levántese a la santísima hora que se le de la gana; pasee, siéntese en una plaza y tome baños de sol mientras que un perro lo mira y mueve amistosamente la cola encontrando un amigo en usted; compañero lector: no trabaje tanto, descanse, recuéstese en una hamaca paraguaya, y tome la altura del sol con los ojos entreabiertos, que no hay cosa mas linda que tirarse a muerto, y mas ahora que se viene el calor. Hágale caso a su muy seguro y afectuoso servidor. No yugue tanto. No acumule millones para cuando sea viejo, ni haga meritos en la oficina. ¿Para que? Lea a los Santos Padres y lea a Kempis y luego agarre La Fija o Palermo y dígase:

—Yo atorro, luego existo — Este principio cartesiano es maravilloso.

—Yo atorro, luego existo."

Roberto Arlt, Fragmentos de Aguafuerte del 15 de noviembre de 1.929

*Atorro: Término lunfardo que refiere a dormir, descansar y también a llevar una vida de atorrante o de vagabundo.

Otra vez acertaste Roberto, eso es algo con lo que lidiamos diariamente, lo llevamos con nosotros a todos lados intentando mitigarlo y pensando en el sueldo de principio de mes. Tu imagen me remonta al campo más que a una plaza, a un árbol en donde colgar la hamaca que por cierto es uno de los lugares más cómodos para relajarse.

En este esfuerzo deliberado por querer hacerte caso caemos nuevamente en un miércoles de febrero en la ciudad, en la urgencia de los 60 minutos de almuerzo y al pasar por una plaza seguimos de largo, siempre seguimos de largo. Cuando estamos por despertarnos notamos que un retraso en minutos puede significar un viaje aún más complicado, problemas de tráfico, demoras y la queja del jefe. Hemos incorporado estos pequeños hábitos en nuestra rutina aunque no de la misma manera, claro.

Soñamos que estamos en una playa desierta o leemos libros en un colectivo repleto, apretados, casi sin espacio y observando cómo el que está parado gira su cabeza continuamente para ver qué es eso que nos tiene atrapados durante tantas cuadras. Tenemos a nuestro perro encerrado en casa, solo todo el día, para que cuando lleguemos nos reciba afectuosamente y así podamos sentirnos felices de que se alegre con nuestra presencia... Y entreabrimos los ojos mirando el sol pero porque después de tantas horas trabajando con la computadora nos arden y además el contraste con el encierro iluminado por luces de tubo nos abstrae completamente del afuera con sus sorpresas climáticas.

¿No será que leyendo tus aguafuertes Roberto nosotros, lectores, podemos sentirnos un poco en esa hamaca? pero lo de atorrar te lo debemos, no sea cosa de que en un descuido nos quedemos dormidos y aparezcamos quién sabe donde...


Foto de Maia Escobar, amiga artista de este blog

jueves 23 de febrero de 2012

Voces


No me escuchaste, te lo dije mil veces, no quemé vagones pero sentí unas enormes ganas de hacerlo, de que por fin me escucharas. Le echaste la culpa a un "boicot armado" quizás lo fue, pero miles de voces te decían que viajábamos mal, apretados, con trenes en mal estado. Pensaste que "pedíamos demasiado", que exigíamos lujo y confort, aire acondicionado para viajar más fresquitos, te equivocaste otra vez.

Mientras vos hacías negocios con TBA, mientras todos ustedes se enriquecían yo llegaba tarde y agotado al trabajo, perdía el presentismo y hacía horas de cola para que me den un comprobante para mostrarles a mis jefes que el tren otra vez andaba con demoras. Sufrí todo: descarrilamientos, accidentes
, protestas gremiales y demoras sin razón también, porque a veces nadie nos informaba qué era lo que pasaba.

Mientras vos buscabas formas de justificar los accidentes yo lloraba por mi compañero de viaje que se había muerto, compañero con el que día a día hablábamos y tratábamos de guardarnos el asiento.

Mientras vos llegabas sentado en auto a tu oficina yo viajaba parado y apretado una hora o más, ¿te das una idea lo que duelen los golpes, la falta de oxígeno y el cansancio del cuerpo? Pero tenía que llegar y trabajar esas nueve horas sin parar. Yo me quejaba pero vos mirabas las imágenes del noticiero desde una distante soberbia, una miopía que sólo te permitía ver el jugoso negocio.


Como otras tantas veces esta vez tampoco creo que me escuches, no pido que te sensibilices, no tengo dudas de que no lo vas a lograr. Me tendrías que haber escuchado antes ¿sabés? me subestimaste a mí, nos subestimaste a todos y sobreestimaste el milagro de que no pase nada. Pasó otra vez, una vez más, quedáte tranquilo que ya no te voy a molestar más, porque esta vez sí, esta vez me mataste.

domingo 12 de febrero de 2012

La vuelta




"Buenos Aires duerme. El horizonte al Este blanquea suavemente. Los fantasmas de la noche huyen al ocaso. En el claroscuro del ambiente susurran céfiros misteriosos, ondean suspiros, gritos, risas, llantos, besos, maldiciones y caricias imperceptibles.... Es el hálito de quinientas mil almas que vagan en las regiones fantásticas de los sueños."

Gradualmente la faja luminosa se extiende hacia el zenit: el horizonte se tiñe de oro y azul. - De repente millares de torres y agujas, cúpulas y campanarios surgen alumbrados con colores de fuego. Al oriente una pequeña línea de brillo ofuscante, se hincha, asume en un momento las dimensiones de medio orbe e inunda con un mar de luz un cuadro grandioso y lleno de encanto.
¡Qué sublime paisaje!"

Carta de Julio Popper en el libro "Tierra del Fuego recuerdos e impresiones de un viaje al extremo austral de la república" de José Manuel Eizaguirre


¿Cómo se vuelve? la pregunta resuena en una ciudad en la que el bullicio hace apenas perceptible su voz. Camina entre la gente, la golpean en un ritmo apresurado y ya nadie saluda. Tiene ganas de decirle buenos días al que viene caminando de frente pero recuerda que en la partida dejó olvidada la camaradería de los caminantes. Los pies están casi descalzos y casi no hay tierra pero sí basura diseminada en la vereda: restos de galletitas, envoltorios de alfajores y papeles. Ya no duele caminar, las distancias son cortas y se viaja con poco espacio circundante. Cuando está por subir al subte la guarda advierte de mala manera: –No hay más lugar, solo entran dos– y en la estación siguiente no deja subir a nadie diciendo a los gritos: – Tomen el otro Fiat que viene atrás, ¿no ves que no hay lugar?. Una pasajera le dice que ya dejó pasar tres y la guarda le dice riéndose –¡Esperá uno más así son cuatro! Inmediatamente recuerda el viaje en micro hasta El Chaltén (provincia de Santa Cruz), el chofer les dice si quieren tomar unos mates así que los preparan y lo comparten. El chofer cuenta que vino de Misiones y cuando le preguntan si le gusta El Calafate responde que no más que su pueblo. Habla tranquilo con una humildad y una tristeza añeja que también lo separan por kilómetros de la soberbia guarda del subte...

No sabía que les depararía la ida pero la vuelta se expresa con máxima dureza agudizando una nueva percepción menos idealizada de la ciudad. La primera visualización del paisaje patagónico le resultó sorprendente, amplios y extensos terrenos áridos, con matas de hierba seca que ondulaban marcando la dirección del viento. Aire fresco. Agua en tonos celestes. Lluvia. Viento. Sol. Lluvia. Inestabilidad climática que redefinía constantemente el paisaje aunque se mantuviera constante en su infinitud.

Esta ciudad destruye su pasado mientras las cuevas rupestres aún resisten al avasallamiento de voraces intereses económicos. Los ecos del pasado tehuelche (mejor dicho, chonke) comenzaron a resonar en las palabras del escritor Mario Echeverría Baleta y el artista Fernando Artega (talla rostros tehuelches en lenga). Al ayudarnos a comprender los signos en colores rojizos nos permitieron conocer el presente patagónico, los lazos indestructibles con los antiguos pobladores.

La vista se irrita con la computadora, el sol citadino se refleja en el asfalto y no es posible encontrar un lugar libre para la expansión de la mirada. Sin embargo, hay alguna mínima similutud con los campos patagónicos. La inmensidad era interrumpida por el alambrado de la propiedad privada. Nuestras miradas apenas lograban divisar un espacio libre, lagos, lagunas y montañas quedaban atrapados en un prohibido ingresar al que solo le escapaban choikes (ñandúes), guanacos, cóndores, caballos, liebres...

En un intento desesperado por recuperar lo vivido se calla, intenta abstraerse del bullicio exterior pero los bocinazos y una persona que viene detrás le grita:
Ey, movéte, hace como cinco minutos que estás ahí parada ¡no dejás pasar a nadie! Al volver a la oficina recuerda que ayer, lunes, soñó cerros y montañas, ahí erguidos en pleno Buenos Aires y al despertar se preguntaba qué caminata harían esta vez, que lugares y paisajes descubrirían...



"Tus alas. Alas de cóndor. Que mantienes erguidas mientras soy el humano de la urbe, del aluvión de asfalto y cemento. Soy centellas de plástico, pies de vidrio y manos acrílicas. Pero puedo percibir cómo se alza tu ala. Ala de pájaro ebrio de éxtasis."

"Ala de cóndor", fragmento del poema de Esteban Ierado: http://www.temakel.com/node/279

jueves 26 de enero de 2012

Dialogando con Arlt - Segunda Entrega

"Los dialectos no son estáticos, no son una herramienta
pura puesta a disposición, neutral para que alguien la use.
No se conserva en diccionarios. Está en los usuarios, es decir,
los hablantes de un dialecto dentro de una comunidad lingüística.
Los usuarios somos diferentes, las sociedades no son igualitarias;
con las formas lingüísticas presentes en los dialectos pasa lo mismo.
Dentro de una comunidad lingüística conviven variaciones y
variantes de formas y ninguna es degradación de otra."

Alejandro Raiter, "Educación, cambio lingüístico y hegemonía"




Roberto Arlt explica que hay un idioma típico de la ciudad y responde a las críticas de algunos lectores que le piden otro tipo de escritura:

"Escribo en un idioma que no es propiamente el castellano sino el porteño"

"Y yo tengo esta debilidad: la de creer que el idioma de nuestras calles, el idioma que conversamos usted y yo en el café, en la oficina, en nuestro trato íntimo, es el verdadero. ¿Qué yo hablando de cosas elevadas no debía emplear esos términos? ¿y por qué no compañero? Si yo no soy ningún académico. Yo soy un hombre de calle, de barrio, como usted y como tantos que andan por ahí".

"¿A dónde iremos a parar? pues a la formación de un idioma sonoro, flexible, flamante, comprensible para todos, vivo, nervioso, coloreado por matices extraños y que sustituirá a un rígido idioma que no corresponde a nuestra psicología"

Roberto Arlt, Fragmentos de Aguafuerte del 3 de septiembre de 1.929

Acá seguimos igual Roberto y el horror es un poco mayor, presenciamos una especie de "nueva degeneración". Lo que pasa es que con el uso de las computadoras y de los teléfonos móviles, los celulares, dicen que se sigue degenerando el lenguaje. Con ese idioma se discute, se ama, se vive, anda dando vueltas, circula, es parte de nuestra comunicación diaria, pero para algunos pone en peligro al otro idioma, el "correcto".

Retomando lo que vos decís Roberto también persiste esa absurda pedantería académica de creer que el idioma impone una distancia con el resto, que eleva el pedestal sobre el que ya se han subido. Hablar diferente es hablar mal, se levanta el dedo para acusar/nos de vulgares, estúpidos, incompetentes.

Pero ¿sabés qué? todavía se escucha hablar el porteño que vos decís, porque persisten ciertas formas lunfardas que son parte de nuestra forma de ser, de nuestro carácter. Se va a laburar en vez de ir a trabajar, se le dice un piropo a una mina o minita en vez de a una chica o muchacha, no te roban te afanan, no te tomás el colectivo te tomás el bondi y no se arma lío sino quilombo. Y decimos muchas malas palabras, puteamos, la puteada es parte fundamental de la supervivencia en la ciudad. Es una forma de descarga pero también identitaria, de convivencia en grupo, de imposición ante el avasallamiento del otro que: te tira el coche encima, te da mal el cambio o se cola en la parada de colectivo mientras vos estuviste como media hora ahí parado.

Me gusta eso que decís de idioma vivo, flexible, coloreado, ese es el idioma que hoy, en el 2012, aún persiste, estarías contento de escucharnos hablar. Lo más lindo de todo es que hacemos oídos sordos a esos "guardianes del idioma elevado", sí, como esos que te escribían a vos para decirte que escribas "mejor" en el diario. ¿Sabés que Roberto? tanto a vos como a mí nos importa un carajo.

Dialogando con Arlt - Primera Entrega


Roberto Arlt fue un periodista y escritor argentino que publicó entre los años 1928 y 1933 una columna en el diario El Mundo denominada "Aguafuertes Porteñas". Las aguafuertes no son un género literario en sí mismo, sino que toman la denominación de las artes plásticas, se trata de una forma de grabado. De todos modos no nos interesa plantear fronteras tan tajantes, consideramos a estas aguafuertes-crónicas como zona de contacto entre dos artes, Roberto Arlt como artista que va grabando páginas de ciudad.

Queremos traer esas aguafuertes al presente, rastrear los vínculos con el pasado y realizar las comparaciones pertinentes. ¿Qué ciudad vivió Arlt? ¿Qué ciudad construyó?

"Esto es el barrio porteño, barrio profundamente nuestro; barrio que todos, reos o inteligentes, llevamos metido en el tuétano como una bruje­ría de encanto que no muere, que no morirá jamás.
Y junto a una puerta, una silla.Silla donde reposa la vieja, silla donde reposa el "jovie". Silla simbólica, silla que se corre treinta centímetros más hacia un costado cuando llega una visita que merece consideración, mientras que la madre o el padre dicen:
─Nena; traéte otra silla.
Silla cordial de la puerta de calle, de la vereda; silla de amistad, silla donde se consolida un prestigio de urbanidad ciudadana"
Roberto Arlt "Silla de la vereda"

Las sillas han perdido su jurisdicción citadina Roberto, verás que son una especie en vías de extinción en estos tiempos. La silla en la vereda se ha convertido en una exposición al robo a mano armada, un peligro latente, la gente ahora se refugia en sus casas con cerraduras y alarmas. De todos modos me tocó verlas, en el conurbano bonaerense resisten. La navidad del 2011 encontró a una familia entera cenando en la vereda del barrio de Ramos Mejía, papá ,mamá, tíos, abuelos y los nenes, es como vos decís, el "nena tráete una silla" porque llegó algún familiar, el que trae el pan dulce o la ensalada rusa.

También en una villa miseria de otro barrio de provincia, La Tablada, las familias enteras festejaban y las sillas estaban dispuestas al lado de la piletas de lona porque el calor no aflojaba. Nos tocó ver a un papá Noel en moto que nos dio caramelos, fue el regalo más lindo que tuvimos, nunca lo vamos a olvidar y nos quedamos con ganas de bajarnos a festejar con ellos. Actualmente la gente asocia villa miseria con delincuencia, están tan equivocados Roberto, la discriminación no deja de ser una herida que supura en muchos argentinos. Pero para ellos una silla, para que vean que él, vos y yo podemos estar juntos, en plena camaradería, como bonaerenses, porteños, como lo que sea, a puro mate.

lunes 23 de enero de 2012

Posibles Buenos Aires - Pinta Daniela Boo

Se baja y se sube, se vuelve a bajar de escaleras, colectivos, trenes, subtes. Son exactamente las mismas calles que se recorren con un ritmo frenético y la mínima atención posible para percibir el peligro latente de la moto que pasó en rojo o el colectivo que dobla pegado a la vereda. Un peatón ve la sombra del colectivo acercarse como acechándolo, se tira para atrás y mantiene la taza plástica de café intacta, especie de triunfo en mano. De los múltiples milagros cotidianos a los que recurre la ciudad para seguir funcionando hay algunos menos excepcionales.


Bicentenario - Daniela Boo

Los que aún no bajaron permanecen en el trance de un viaje indefinido acompañado por mensajes de texto, visualización de un afuera en movimiento que va perdiendo personas como árboles o algún tarareo musical casi inaudible. Ella estaba en Primera Junta pero se tenía que bajar en Carabobo. Un pasajero la despertó pese a su resistencia, el calor agobiante piensa mientras abre dificultosamente los ojos. Es puro bostezo, quiere quedarse y trata de recordar quién es, a dónde iba, perdiéndose en los puestos de libros usados de en frente.


Las horas - Daniela Boo

El que baje a las profundidades percibirá que los deliberados rayos de luz que se cuelan por las alcantarillas tienen otros matices menos conocidos e inexplorados. Algunos índices los encontrará el pie atento que tomando un café en avenida Corrientes siente las suaves vibraciones: ¿Lo oíste? Es el subte que habla. Y abajo alguien sentirá que el es el subte que llega, pero con los ojos inundados por profundas venas rojas no podrá ver más que una necesidad de sentarse y llegar, encontrarlos, cocinar con la albahaca de la huerta y sentir aroma a pasto mojado.

Hay alguien que puede ver cada una de las tonalidades, recupera el instante previo antes de la extinción ¿de qué? lo jamás visto:


Qué hay detrás de la luz - Daniela Boo


Para conocer la obra de Daniela Boo visiten su sitio web: