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sábado, 31 de octubre de 2015

Instantánea



Una nena le grita a su mamá. No la escucha, está con sus tres hermanos y un carro destruido que arrastra con fuerza. La nena grita en dirección a un auto, se agacha: "la paloma, la paloma". El auto frena, se baja el acompañante del conductor y se agacha sobre el pavimento. Los brazos salen con paloma. La deja sobre la vereda al lado de la nena que ahora salta y se ríe a carcajadas. 
La madre nota la situación y comienza a reírse. Nos miramos, nos encontramos con madre, nena, conductor y salvador. El tipo se bajó nomás, se-ba-jó. 
Atrás los autos tocan bocina de forma desenfrenada. En la vereda pasa la gente con un ritmo frenético. Nosotras seguimos a ritmo lento de paloma. Felices y moribundas.

lunes, 24 de agosto de 2009

Dulce palomita



Atacan a los trabajadores ni bien salen de sus oficinas. Evocando una imagen de Los pájaros de Hitchcock, las palomas sobrevuelan a los transeúntes que carecen de las cabinas telefónicas londinenses para refugiarse.
Aquellos otros que se salvan del ataque caminan por las calles del centro hasta que se topan con unas cinco palomas que se apropian de la vereda, ni se inmutan ante el paso humano, se han convertido en inmunes, son palomas de ciudad, su naturaleza se ha transformado de forma que carecen de mínimas dosis de miedo.
Antes, las palomas volaban ni bien te acercabas pero ahora sos vos el que tenés que correrte para dejarlas pasar porque te da miedo pisarlas. Sin embargo, algunos de sus cadáveres aparecen en las calles, los denominados “purés de paloma” o restos de paloma aplastados en el asfalto. Para algunos, una triste pérdida, pero para otros, la reivindicación de la ciudanía citadina.

sábado, 20 de junio de 2009

Percepción



Mira, se aferra de el brazo de su madre, con sólo cinco años viaja en ese cúbiculo con gente que la aplasta.
Baja, sigue mirando, desde abajo hacia arriba. Todo se ve grande, inmenso, de las garrapiñadas llega el olor y el ruido de la cuchara de madera golpeando la olla.
Ella sigue agarrándose del brazo, ve las palomas pero no las corre, sigue el vuelo con su mirada.
Un charco producido por una baldosa rota le produce una extraña alegría que deriva en saltos sobre el agua. La madre se enoja, pero la alegría continúa.
Un cochecito con un bebé pasa a su lado, lo mira, gira la cabeza para seguir el trayecto. Porque los chicos se animan a girar la cabeza, siguen con la mirada lo que les atrae, persisten en su asombro.