1.
Las páginas corren entre sus dedos y con igual intensidad se suceden imágenes y sensaciones. Cuando por fin logra que las hojas la suelten vuelve a ser atrapada, un hombre descubre lo adherida que está a la lectura. Puede mirar a su alrededor y podría tratar de huir pero llora las lágrimas de Mikage Sakurai.
2.
Por la pequeña ventana de la oficina comenzaron a colarse unas gotas de agua y alguien dijo: "Llueve, llueve adentro".
Las páginas corren entre sus dedos y con igual intensidad se suceden imágenes y sensaciones. Cuando por fin logra que las hojas la suelten vuelve a ser atrapada, un hombre descubre lo adherida que está a la lectura. Puede mirar a su alrededor y podría tratar de huir pero llora las lágrimas de Mikage Sakurai.
2.
Por la pequeña ventana de la oficina comenzaron a colarse unas gotas de agua y alguien dijo: "Llueve, llueve adentro".
Una compañera de trabajo recordó un fragmento de Rayuela de Julio Cortázar: "Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas".

3.
Siempre le apasionó esa imagen: los coches desde abajo, la calle desde abajo, la ciudad, el mundo. Los rayos de luz colándose en la noche subterránea, el efecto de sonido producido por los bocinazos de los autos y colectivos. Solo algunas estaciones de la línea a tienen ese espacio intermedio que procura la supervivencia del mundo exterior y la firme resistencia a lo atemporal.