
Siempre están ahí, parados, mirando hacia afuera. Sus manos crean frenéticamente repulgues, rellenan canelones: queso, jamón, queso, jamón, queso, jamón. También dividen en porciones: flan, torta, budín de pan.
Desde adentro de “La continental” miran pasar a la muchedumbre frenética. Muchos ni siquiera los ven.
Ellos, desde adentro; nosotros, desde afuera. Espectadores, actores.
Para aquellos que los perciben el encuentro es fugaz, furtivo, escurridizo. Mecanicismo puro, ellos y nosotros. Pasos rápidos, entrar a las nueve. Ya van cuarenta empanadas, faltan ochenta.
Todo reglamentando, el orden reina en la ciudad. Pero se escurren, los encuentros repentinos se condensan entre los vidrios. Algunos se salvan.